viernes, 1 de agosto de 2014

Banco de los BRICS : una etapa hacia la reforma del sistema monetario internacional



Michel Aglietta
Profesor emérito de Ciencias Económicas en la Universidad de París-X Nanterre, Michel Aglietta es Consejero del CEPII (centro francés de investigación de la economía mundial)- También es miembro del Alto Consejo de Finanzas Públicas. Egresado de la Escuela Politécnica, doctor en ciencias económicas, fue administrador del INSEE (instituto nacional de estadísticas de Francia). Es un especialista de la economía monetaria internacional y del funcionamiento de los mercados financieros.
Traducción de - POLITIKA
La creación en la cumbre de los BRICS del Nuevo Banco de Desarrollo y del Fondo Común de Reserva de Cambio es una iniciativa mayor. Ella revela la incapacidad de las instituciones de Bretton Woods a reformarse para adaptarse a las transformaciones de la economía mundial.
A pesar de las orientaciones de reforma adoptadas cuando la asamblea general del Fondo en Seúl en noviembre 2010, la ‘gobernanza’ internacional no ha hecho ningún progreso. La razón inmediata se encuentra en la obstrucción del Congreso de los Estados Unidos que ha rehusado obstinadamente ratificar la reforma de los derechos de voto en el FMI y el modo de nominación de los directores del FMI y del Banco Mundial (BM).
Por consiguiente los BRICS (las cinco más grandes potencias emergentes) totalizan 10,3 % de los derechos de voto, cuando pesan 24,5 % del PIB mundial. La distorsión más absurda concierne China: 3,8 % de derechos de voto para 16,1 % del PIB mundial.
En julio 2014, los dirigentes políticos de los BRICS decidieron evitar les instituciones de Bretton Woods, a falta de poder transformarlas del interior. En su cumbre de Fortaleza decidieron el 16 de julio crear un Nuevo Banco de Desarrollo, capitalizado con US$ 100 mil millones a partes iguales entre les cinco países fundadores, cuya sede estará en Shanghái y cuyo primer presidente será indio. Es la primera iniciativa significativa de desplazamiento del poder político-financiero desde Bretton Woods (1944 – N del T).
Cierto, desde la agonía del sistema de Bretton Woods con la devaluación de la libra esterlina en noviembre de 1967, la repudiación unilateral de las reglas monetarias por Nixon el 15 de agosto de 1971, y luego la imposición de un padrón dólar de facto después de la instauración de los cambios flotantes en febrero de 1973, las controversias monetarias no han faltado. Ellas son inherentes a la naturaleza del sistema monetario internacional (SMI) bajo hegemonía americana.
La política monetaria americana es totalmente unilateral; ella se ocupa solo de objetivos internos. Pero la liquidez internacional es un bien público global. Ajustar la oferta a las necesidades de la economía mundial implica una ‘gobernanza’ internacional. La ausencia de esta gobernanza provocó agudas tensiones entre EEUU y Alemania en los años 1970, entre los EEUU y Japón en los años 1980 en razón de las enormes fluctuaciones del dólar, entre los EEUU u los países que acumulan reservas no deseadas en los años 2000, entre los EEUU y los países emergentes desestabilizados por los flujos de capitales a la búsqueda de rentas inmediatas después de la crisis financiera (2007 – N del T).
Como las tensiones monetarias son modeladas por las relaciones políticas, los EEUU podían hacerlas recaer sobre sus socios mientras se trataba de países que compartían la misma filosofía de la virtud de los mercados financieros y adherían a las instituciones internacionales, porque están en la órbita política y militar de los EEUU. Los disfuncionamientos monetarios mundiales cambian de naturaleza cuando oponen países que no comparten la misma concepción de las relaciones internacionales.
La iniciativa de los BRICS a la luz de la estrategia china
El financiamiento a largo plazo del Banco Mundial es pesadamente condicional e incorpora criterios conformes a lo que se puede llamar “el fundamentalismo del mercado”. Hasta la crisis, venía en apoyo a los créditos bancarios sindicados que hacían la mayor parte del financiamiento internacional hacia los países en desarrollo. Lo mismo sucede con el Banco Asiático de Desarrollo. Los aportes en capital de los EEUU y del Japón tienen un papel preponderante en su “business model”.
La iniciativa de los BRICS, como la de China que va a crear un Banco Asiático de Inversiones que debiese alcanzar también un capital de US$ 100 mil millones, son herramientas financieras para lograr otros objetivos: financiar infraestructuras mediante acuerdos de largo plazo para reforzar las interdependencias de los países emergentes y facilitar la expansión internacional de las empresas, sin condicionalidad política y fuera del espacio del dólar. Esta estrategia es pues complementaria a la de la internacionalización del yuan para hacer de él un pivote de las transacciones en Asia. Es la razón por la cual China está muy interesada por la otra vertiente: el acuerdo que crea una puesta en común de reservas para combatir colectivamente la incidencia de las crisis financieras fuera del FMI.
En una perspectiva más larga, la concepción china de las relaciones monetarias internacionales fue enunciada por el gobernador (del Banco Popular de China – N del T) Zhu Xiaochuan en el año 2009. La contradicción entre el bien público global que es la liquidez internacional y la hegemonía de la divisa clave emitida como la deuda de un Estado no puede ser sobrepasada sino por un régimen monetario internacional. Éste debe estar fundado en principios multilaterales comúnmente aceptados, reglas de ajuste simétricas y una liquidez última suministrada por un DTS (droits de tirage spéciaux - special drawing rights - derecho de emisión especial. Moneda virtual creada por el FMI. N del T) que no es la deuda de ningún país.
Lo que está en juego es poner a los EEUU en situación de ser obligados a aceptar la negociación.
Será así cuando la transformación de las relaciones de fuerza económica en favor de los países emergentes será tal que las repercusiones de las políticas unilaterales americanas regresarán como un boomerang sobre las tasas de interés en los mercados financieros de los EEUU y podrán poner en peligro la gestión de la deuda pública.
Creando el dispositivo institucional que acelera la formación de un sistema pluri-divisas, la iniciativa de los BRICS participa de la formación de centros de poder monetario competidores. Este avance en la afirmación de poderes monetarios y financieros rivales acentuará la necesidad de una gobernanza global y puede relanzar la reforma del SMI de aquí al 2020.

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