sábado, 12 de agosto de 2017

DESARROLLO Y EXITO DE PAISES NÓRDICOS

Vamos a  iniciar una serie de artículos para analizar y tal vez cuestionar la política tributaria, junto con la política económica y social, y para ponernos en contexto, empezaremos por referirnos a la carga tributaria que soportan  los países escandinavos o nórdicos, países que son considerados modelos en el mundo respecto al bienestar social que ofrecen a sus ciudadanos a cambio de los altos tributos que allí se imponen. Se supone que el estado debe ofrecer bienestar social a sus ciudadanos y estos deben financiar al estado mediante impuestos  para que el estado logre cumplir con sus objetivos, y  los dos deben cumplir cabalmente con lo que les corresponde para que el sistema funcione adecuadamente.


La presión o carga fiscal es la relación entre la recaudación fiscal  o tributaria y  el PIB, producto interior bruto. Por recaudación tributaria se entiende los ingresos del estado por vía de impuestos. Estos son impuestos directos como la renta o el  patrimonio,  indirectos o impuestos al consumo como el IVA,   o bien   ingresos de  la Seguridad Social derivados de las cotizaciones de empresas y trabajadores. La carga tributaria  indica de forma relativa los recursos de un estado para poder desarrollar su política social  y económica, instrumentos necesarios para desarrollar su programa político de gobierno.
El modelo de estado del bienestar nórdico  se caracteriza por  un fuerte gasto social para ofrecer una alta  protección social a sus ciudadanos, a cambio de una carga tributaria elevada. De hecho, los países escandinavos se han caracterizado desde hace décadas por ser los países con mayor presión fiscal. Según Eurostast, en 2012 la carga fiscal, expresada en % sobre el PIB fue la siguiente: Noruega  56%, Suecia 52% y Finlandia 54%. La media de la presión fiscal  de la  UE (27 países) fue  45% en el mismo periodo.


La carga tributaria, en estos países,  se caracteriza por un fuerte tipo impositivo para  las rentas del trabajo, un fuerte gravamen del consumo y una carga relativamente baja sobre la empresa para que actúen como fuente de inversión y riqueza. La procedencia de estos ingresos vía impuestos es la siguiente:

Suecia :

IVA, tipo general 25%, reducido 12% ( alimentos y hostelería), superreducido 6% (cultura y transporte personas)
Renta: tipo máximo 55%  para rentas > 66000 €. Tipo mínimo   30%  para rentas<46000€.
Sociedades: 22%, impuesto solidaridad 5,5%

Noruega :

IVA, tipo general 25%, reducido 15% ( alimentos y hostelería), superreducido 8% ( cultura, transporte personas)
Renta: Tipo máximo 40% para rentas >102000€. Tipo mínimo 28%  para rentas<62000€.
Sociedades: 28%

Finlandia :

IVA, tipo general 23%, reducido 13% ( alimentos y hostelería),superreducido 9% (prensa, cultura, transporte personas)
Renta: Exento hasta 15000€. Tipo máximo 53.5%
Sociedades: 26%

La carga fiscal que soportan estos países no ha variado significativamente en las últimas décadas. En el pasado el  modelo de referencia del  estado del bienestar  de los países nórdicos y que respondía a un modelo de estado benefactor, se tambaleó durante la  crisis de los años 90, como ocurre en estos momentos en otros estados europeos. Fue entonces cuando, con Suecia a la cabeza,  se emprendió una  pionera reconstrucción del estado del bienestar,  que cuenta con  tres conceptos diferenciadores:
Un concepto de alta responsabilidad pública para con el bienestar de su pueblo, que se traduce en que la administración no gestiona sino que es responsable.
Un concepto de amplia libertad del ciudadano para la elección, suprimiendo la asignación administrativa.



Pluralismo y  competencia en la prestación de los servicios  públicos. Supresión de los monopolios en la  gestión pública, lo que ha mejorado su competitividad notablemente.
Este modelo tiene por pilares  sociales la cultura  y la educación. Desde el punto de vista de la cultura social, el ciudadano acepta unos elevados tipos impositivos a cambio de exigir  un alto  grado  de compromiso  y transparencia por parte del estado. Es decir, es un modelo basado en la confianza entre los ciudadanos y  sus dirigentes políticos.

La educación es el otro pilar sobre el que se sustenta el modelo de bienestar nórdico,  lo que le ha llevado a copar los primeros puestos del informe PISA. Son  sistemas de enseñanza  gratuitos hasta el doctorado. La alta formación de los ciudadanos, permite unos niveles de competitividad muy elevados. Esta alta competitividad  contribuye  a  generar más riqueza, que a su vez permite mantener un elevado grado de bienestar social, que mantiene perfectamente engranado al sistema.

Este buen funcionamiento hace que el esfuerzo fiscal que soporta la sociedad escandinava no difiera  de la de otros países de su entorno. Por esfuerzo fiscal se entiende  la relación entre la carga fiscal y la renta per cápita. Uno de los parámetros más utilizados para medir el esfuerzo fiscal es el índice de Frank. Este índice resulta de la división de la carga fiscal por la renta per cápita.
En 2012 el índice de  Frank de Noruega  se situó en 0.08, el de Suecia en 0.11 y  el de Finlandia en 0.13. Como referencia  la  media de la UE (27 países) fue de 0.17. Este parámetro es un claro indicador de la competitividad de estas sociedades.

A esta competitividad del  modelo contribuye el derecho  del ciudadano para elegir y el de la empresa para ofertar un servicio, siempre bajo el paraguas de un estado,  que asume la responsabilidad de la prestación del servicio.

A modo de ejemplo se tiene,  que los trabajadores,  parte de lo que cotizan para la cobertura de desempleo lo hacen a través de entidades privadas. Aseguran una cantidad mensual de  subsidio a cambio de una prima. El estado,  que recauda la otra parte,  garantiza una prestación mínima durante el tiempo establecido para cobrar el subsidio.

En el campo de las pensiones, y como ejemplo de responsabilidad del estado,  todo trabajador al llegar a los 65 años, si decide retirarse lo hace la siguiente forma: El estado suma lo que ha contribuido y en función de la expectativa de vida del momento, lo reparte en pagas iguales. De esta forma garantiza la continuidad del sistema. La revalorización de la pensión se realiza en la medida en que se revaloricen los salarios de la población en activo.